
Sobre la Relación Terapeutica Esencial (parte 1)
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A veces confundimos la agresión personal con la necesidad de la otra persona de autoafirmase y expresarse.
Esto es muy común en la enfermedad.
El doliente busca dejar claro que aún existe, que su ego aún permanece, que sigue estando ahà vivito y coleando…y agrede justo a la persona que con más dedicación y amor le está dedicando su cariño, tiempo y esfuerzo aun a pesar de su propio designio o elección.
Entonces el cuidador se ofende.
Esto es lógico, pero no es lo más maduro, quiero decir, no es una postura profesional ya que el profesional sabe diferenciar entre ambas necesidades.
Esto también forma parte del pago, el pago ocurre por la definida capacidad del profesional de elaborar internamente lo que el otro proyecta de si mismo, sobre él, sin dar una respuesta automática patógena, que serÃa lo plausible, permitiendo asà la descarga de la tensión subsecuente en otro ámbito externo al de la tensión del cuidado.
Por ejemplo, a través del pago una enfermera puede gastarse en una playa toda la agresión sentida en un hospital a la que, en virtud de su profesionalidad, no dió respuesta.
Es esto lo que hace tan dificil la ayuda verdaderamente terapéutica entre miembros de la misma familia, al no poder articularse ambos niveles mediante una remuneración económica que parecerÃa ajena a la corrección amorosa que consanguineos deberÃan brindarse.
Sin embargo nada hace imposible que se remunere a una hija, por ejemplo, por cuidar a sus padres enfermos crónicos…Aunque el amor filial entendido desde lo crÃstico se entenderÃa desde la sumisión y la hija debe, por lo tanto, renunciar a todo pago.
O a un esposo por cuidar a su mujer…Aunque ella entonces dudase de su amor, lógicamente…
Esta gratuidad en las órdenes religiosas o mendicantes se ha entendido tradicionalmente como una forma de incorporar el papel de Jesucristo como sanador puro de amor.
Esta actitud, aún siendo loable, choca con la visión ciertamente revolucionaria que se nos ofrece de Cristo a nivel contemporáneo: ¿ Fue Cristo un hombre sumiso ?
A nivel cristiano de ortodoxia cabrÃa pensarse que sÃ.
Pero se confunde con frecuencia humildad con sumisión.
En la modernidad Cristo se incorpora con un patrón interno de servicio a los demás a través del amor, ¿ hasta donde ?, hasta el lÃmite del deseo de la propia racionalidad sensible.
Es ahà donde chocan ambos Cristos: el Cristo cordero de Dios, externo, humillado, humillable hasta decirse basta con el Cristo de la liberación interior, interna.
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